El Aparato Reproductor Masculino está constituido por el pene, la próstata, conductos eyaculadores, las vesículas seminales, los conductos deferentes, los epidídimos y los testículos. Todas estas estructuras se encuentran íntimamente relacionadas entre sí y cumplen un papel muy importante en la fertilidad del hombre.

Los testículos se encuentran fuera de la pelvis masculina, contenidos por las bolsas escrotales.

De esta manera los espermatozoides no estarán expuesta a la temperatura corporal interna, de 37.2 °C, sino a una temperatura menor de 34-35°C (lo que le resultará a los espermatozoides más beneficioso para su adecuado desarrollo).

Los testículos son dos estructuras glandulares capaces de responder a estímulos hormonales para producir las células germinales masculinas, los espermatozoides. Además, los testículos se encargan de la producción de la principal hormona masculina, la testosterona. Los testículos contienen en su interior pequeños canales (túbulos seminales) que se unirán primero en la retetestis y luego en un único conducto, dispuesto de manera enrollada, para formar el epidídimo.

Los epidídimos son dos estructuras que rodean a cada uno de los testículos y que contienen “múltiples vueltas” de un único conducto que, estirado, puede llegar a medir 6 metros.

Por el mismo no solo circulan los espermatozoides generados en los testículos, sino que en este lugar los espermatozoides maduran, adquieren su movilidad y su capacidad fertilizante, para luego ser almacenados en este sitio.

Los conductos deferentes son finos tubos que tienen como función transportar los espermatozoides desde el epidídimo hasta la vesícula seminal, glándula que aportará el mayor volumen del líquido que constituirá el semen.

A partir de este lugar los conductos cambian su nombre por el de conductos eyaculadores. Dicho conducto eyaculatorio se encargará de transportar el fluido seminal hasta la próstata.

La próstata es una glándula encargada de aportar una secreción ácida al semen.

En su interior confluyen ambos conductos eyaculados uniéndose con la uretra prostática, conformando un único y último tubo de salida de los espermatozoides, la uretra peniana.

La uretra se localiza en el interior del pene. En el momento de la eyaculación, los espermatozoides bañados por el líquido seminal son expulsados a través del pene, hacia el exterior.

Cuando el hombre nace, tiene en sus testículos cordones sexuales con células germinativas.

Cuando el hombre alcanza su pubertad, estos cordones sexuales se tornarán huecos y se llenaran de espermatozoides en distintos estadíos de maduración: espermatocitos, espermatogonias y espermatozoides.

La glándula hipófisis secretará FSH y LH, al igual que en la mujer; con la diferencia que, en el hombre, esa secreción será constante y no de manera cíclica como ocurre en el sexo femenino.

En el testículo se encuentran entre 8 a 10 túbulos seminíferos. En el interior de cada túbulo seminífero se ubican dos tipos de células: las células de Sértoli y las células de Leydig.

Las células de Sértoli son las encargadas de producir y multiplicar los espermatozoides cuando el testículo recibe el estímulo de la FSH.

Las células de Leydig son las encargadas de producir testosterona cuando están expuestas a la LH.

Los espermatozoides son células muy pequeñas y se presentan con una forma muy particular.

Tienen una cabeza (que contiene al núcleo con su información genética), un cuerpo (donde se produce energía pueda desplazarse) y una cola que le permite al espermatozoide moverse se manera propulsiva y avanzar.

La producción de espermatozoides es constante y no cíclica, como ocurre con los óvulos.

Se generan cientos de espermatozoides y tardan entre 70 a 74 días en completar su proceso de maduración.

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