Durante las relaciones sexuales, el semen se deposita en el fondo de la vagina, lugar donde se encuentra el cuello del útero.

En los días previos a la ovulación, el cuello del útero produce una secreción viscosa llamada moco cervical, que es la que permite el ascenso de los espermatozoides desde la vagina hacia el cuerpo del útero y de allí a las trompas.
Las trompas son el sitio de encuentro del óvulo con los espermatozoides para que se produzca la fecundación.
Cientos de espermatozoides avanzan en busca de un único óvulo, pero solo un espermatozoide será capaz de fecundarlo. En el extremo de la cabeza, el zoide posee una zona llamada acrosoma que posee las enzimas necesarias para penetrar y disolver la pared del óvulo. Solo entrará al óvulo el núcleo del espermatozoide y la cola quedará afuera.

Luego de que se produjo la fecundación, este embrión comenzará a recorrer el camino inverso al que hizo el espermatozoide. Primero las trompas de Falopio y luego llegar al útero.

Durante este “viaje” el embrión va cambiando de aspecto a medida que comienza la división celular del embrión.
A las 24 horas de haberse producido la fecundación se puede observar un embrión con dos núcleos en su interior (uno femenino y otro masculino). Luego de 48hs. ese embrión tendrá entre 2 a 4 células y ya habrá realizado el entrecruzamiento de la información genética de ambos padres. A las 72hs. es esperable que ese embrión contenga entre 6 a 8 células. En el 4to. post fecundación el embrión adquiere el estadió de mórula (con 16-32 células) y entre el 5to. a 6to. día de ser fecundado el embrión alcanza su estadío de blastocisto.

El blastocisto quedará “flotando” en las secreciones uterinas durante un plazo de 6 a 10 días post ovulación, hasta lograr la implantación. El endometrio uterino presentará condiciones de alta receptividad para que ese blastocisto pueda anidarse y continuar su desarrollo en el útero, dando lugar a un embarazo.




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